LOS HIJOS ADOLESCENTES

LOS HIJOS CRECEN.

El largo proceso por el que pasa una pareja, tal vez se ve más afectado durante la adolescencia de los hijos, puesto que su vida ha girado alrededor de las necesidades de ellos. Que los hijos crezcan, propicia que su estancia en la casa ya no sea constante; si antes todos los fines de semana comían juntos, ahora cada uno de los hijos realiza actividades diversas, ya no pasan tanto tiempo con la familia, se van al cine con sus amigos, organizan paseos, ven a la novia o novio. Las reglas de la casa van a tener que cambiar.

Los hijos adolescentes desean vestirse a la moda y a su modo, quieren estar solos, comer alimentos "chatarra", y por la necesidad de pertenecer a un grupo y sentirse acpetados socialmente, en ocasiones, tienen relaciones sexuales a temprana edad e inician el consumo de cigarrillos o de alcohol. En ciertos casos, el joven puede adquirir la libertad que requiere oponiéndose a las reglas que habían regido las relaciones en la familia.

Cuando los últimos hijos han llegado a la adolescencia, la pareja de padres cuenta con más tiempo, algo que no tenían, lo que de cierta manera altera y cambia la organización con que había estado funcionando la familia.

La familia, ante estas situaciones, busca formas diferentes para relacionarse entre sí, para poder llegar a acuerdos y atender las necesidades de los adolescentes, así como el resto de los integrantes, sin dejar de lado las reglas que permitan una sana convivencia familiar.

Como se observa, los diferentes momentos por los que atraviesa una familia en el transcurso de la vida, van exigiendo que tanto hijos como padres procuren ser flexibles en la forma de relacionarse, ya que cada integrante va experimentando cambios físicos y mentales inevitables y es necesario saberlo para vivirlos, transitarlos y/o superarlos de la mejor manera.

Es importante que durante todo el desarrollo de los hijos, tanto el hombre como la mujer, continúen siendo la pareja que se unió por amor, por ser compatibles, porque hicieron un plan de vida. Es decir, que no se conviertan únicamente en "la mamá" o "el papá", ni que sólo respondan a demandas de los hijos; es necesario que los cónyuges se den tiempo para ellos, que continúen realizando actividades conjuntas y que la responsabilidad de los hijos sea compartida.

Si para la pareja los hijos son lo único que la mantiene unida, pueden emerger problemas que están relacionados con otros conflictos que no se han aclarado ni resuelto, y aunados con las situaciones actuales, es posible que llegue el momento en que no se diferencie si los problemas son de antes o del presente; esta fase de desequilibrio, si se maneja de manera adecuada, promoviendo la comunicación y la confianza, puede ser aprovechada para alcanzar otra vez una estabilidad conveniente tanto para el padre, la madre, como para los hijos.

Para favorecer este aspecto la pareja debe entablar nuevas relaciones, tener actividades comunes, aprovechar el tiempo que están juntos; pueden buscar a alquien de confianza que cuide a los hijos pequeños, mientras ellos disfrutan su compañí en actividades tales como: ir a cenar, asistir a un baile, replantear su vida sexual, realizar algunas cosas que hacían cuando eran novios.

Los padres saben que está cercano el tiempo en que los hijos se van, lo que les hace pensar en conformarse nuevamente como pareja; esto en ocasiones provoca algunos conflictos entre ellos, precisamente por los cambios en la relación que tenían con los hijos, pero sobre todo por el hecho de que la mamá y el papá probablemente cambiaron la relación de pareja durante el desarrollo de los hijos.

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